Series más recomendadas
HEARTSTOPPER
Esta adaptación de Alice Oseman en base a su propia y celebrada novela gráfica sobre un adolescente abiertamente gay (Kit Connor) que se enamora de un jugador de rugby (Joe Locke) ya no se puede considerar un tesoro escondido, pero ahora que está a punto de estrenarse la tercera temporada (llega el 3 de octubre) es un buen momento para que los que no la hayan descubierto todavía se sumerjan en ella. Sensible y trascendente. Un soplo de aire fresco.
ONE DAY (SIEMPRE EL MISMO DÍA)
La novela de David Nicholls ya fue llevada al cine en 2011 con Anne Hathaway y Jim Sturgess, pero la adaptación en formato serie es muy superior. Cuenta la historia de Emma Morley (Ambika Mod) y Dexter Mayhew (Leo Woodall, a quien vimos en la segunda temporada de The White Lotus), que se conocen en el día de su graduación en 1988 y luego se encuentran una vez al año durante dos décadas. Es como la trilogía de Antes del amanecer en bucle: muy emotiva y actúa como reflejo de nuestras propias vidas.
THE BILLION DOLLAR CODE (EL CÓDIGO QUE VALÍA MILLONES)
La historia de un hacker y un artista alemanes que desarrollaron el software de mapeado 3D Terravision en los 90 y luego demandaron al gigante Google por infringir la patente con su célebre Google Maps, merecía ser contada y unirse a las varias producciones ya existentes sobre pioneros de la era 2.0 (y hay que decir que casi todas merecen la pena, la reciente Blackberry lo demuestra). Netflix puso el dinero para rodarla en formato miniserie en la propia Alemania y sus cuatro episodios invitan a ser devorados de una sentada.
MIDNIGHT MASS (MISA DE MEDIANOCHE)
Uno de los exponentes más interesantes del género de terror de lo que llevamos de década, tanto en la televisión como en el cine. Su creador, Mike Flanagan, quizá alcanzó más notoriedad con su más reciente The Fall of the House of Usher, pero para muchos esta miniserie es su obra cumbre. Acusa una falta de ritmo en su comienzo, sobre todo en sus dos primeros episodios, lo que llevó a mucha gente a dejarla, pero si se llega al final, queda para siempre en la memoria.
TOP BOY
Esta serie británica ambientada en el submundo de la droga en Londres es una más que buena opción para los fans de The Wire (salvando las distancias, no nos volvamos locos). Se aleja en tono de la de David Simon (y nunca alcanza su altura, porque esta es inalcanzable), pero también es novelesca y shakesperiana, con personajes muy bien dibujados y ofreciendo un retrato completo y devastador sobre una realidad social.
I THINK YOU SHOULD LEAVE WITH TIM ROBINSON
El género de comedia de sketches no es desde luego para todo el mundo, y menos cuando en ellos se lleva la vergüenza ajena y lo absurdo hasta el extremo, como hace aquí Tim Robinson (curtido en Saturday Night Live). Pero si cree que en la comedia está todo inventado, póngase una de sus píldoras de poco más de 15 minutos (repartidas en tres temporadas). No perderá mucho tiempo de todas formas y puede que encuentre uno de sus referentes vitales.
THE CHESTNUT MAN (EL CASO HARTUNG)
La oferta de series escandinavas sobre crímenes y asesinatos –ya son en sí su propio género, el nordic noir– es tan grande que cuesta elegir entre las más recomendables, pero a casi nadie le decepciona esta adaptación en forma de miniserie de la novela del danés Søren Sveistrup (responsable también de la popular The Killing). Seis episodios que se ven de un tirón, con giros que le mantendrán pegado a la pantalla y una gran factura técnica.



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